MUSA DE CARTÓN

 

CUARTO CUADRO

(LA LUZ VA DESAPARECIENDO Y NOMÁS QUEDA UN CENITAL SOBRE JOHANÁN QUE HABLA A SU INTERLOCUTOR INVISIBLE)
JOHANÁN –No sabía que hacer. Estaba desconcertado. ¿A usted nunca le ha puesto los cuernos su esposa?... ¡Ah, sí, que no es casado! Pues a mí siempre me pasaba, siempre terminaban por botarme. ¡Hasta me aprendí de memoria el Ananga Ranga y el Kama Sutra, para ver si así se quedaban más tiempo conmigo. Pero creo que es necesario algo más que el cachondeo, algo dentro de mí, algo que ella descubrió...
Luego del ensayo, bueno, cuando me dieron permiso, me salí a caminar...
(LA ILUMINACIÓN CAMBIA Y SE ESCUCHA AMBIENTE DE CALLE. SOBRE UNA PLATAFORMA APARECE LA MANIQUÍ VESTIDA DE NOVIA. JOHANÁN AVANZA HACIA ELLA Y LA VA RODEANDO MIENTRAS HABLA)
JOHANÁN –Había llovido y las calles brillaban, como si las acabaran de pulir; como si imitaran espejos que me regresaban un rostro escupido por cada una de las mujer que había conocido y con las que me había relacionado... (PARECE DESCUBRIR EL MANIQUÍ EN SU APARADOR) Entonces, ahí estaba ella, estática, esperándome. Rozó la vitrina con sus uñas y me dijo: “Si quieres, puedo limpiarte la cara con mi velo, los escupitajos te han cambiado las facciones.” Yo le contesté que no podría. ¡Que nadie podría! Además, que ese vestido no era para ella, y me respondió que no, que no era para ella, que se lo habían puesto para mí, para que yo se lo quitara, desabrochando cada uno de los botones y, así, estar lista para que yo la tomara... Recorriendo cada parte de su piel, hasta ese momento inerte. Era el barro que esperaba mi soplo de vida...
 

QUINTO CUADRO

(SUENA EL TELÉFONO Y EN OTRA ÁREA DEL ESCENARIO SE ILUMINA AL PSICÓLOGO QUE CONTESTA, UBICANDONOS EN EL CONSULTORIO.)
PSICÓLOGO (AL TELÉFONO) –Sí... Que espere un momento, ahora termino con el muchacho. (CUELGA EL TELÉFONO Y SE DIRIGE A JOHANÁN) Por hoy es suficiente. Puedes ir a descansar.
JOHANÁN –Le van a descontar de su sueldo. Aún no es la hora.
PSICÓLOGO –¿Cómo sabes? No traes reloj.
JOHANÁN –Se le olvida que soy un actor. Sé perfectamente cuanto dura cada parlamento.
PSICÓLOGO –Entonces, también debes saber en qué momento dejar en suspenso. Anda, haz una pausa dramática y vete a descansar. Mientras, yo pienso en todo lo que me has dicho. (LO CONDUCE PARA QUE SALGA. TOCAN A LA PUERTA) Adelante.
REBECA (ENTRANDO POR OTRA PUERTA) –Buenas tardes, doctor. Disculpe la tardanza, pero tuve que llevar a mi hija a la guardería.
PSICÓLOGO –No se preocupe. Apenas terminé con Johanán.
REBECA– ¡Es una pena! Yo no sé como pudo suceder eso. Parecía un muchacho tan normal.
PSICÓLOGO –Tengo entendido que usted lo conocía antes de que comenzaran con esta obra.
REBECA –Habíamos trabajado dos o tres veces juntos, pero nunca fuimos grandes amigos.
PSICÓLOGO –Sin embargo, él me ha dicho que con usted es la única con quien puede platicar.
REBECA –¿Ah, sí? Bueno, lo que pasa es que de pronto le dio por contarme sus cosas. Realmente no sé por qué.
PSICÓLOGO –¿Sabía que su novia...?
REBECA– ¡Roxana!
PSICÓLOGO –Sí, Roxana. ¿Sabía que ella había tenido relaciones con el director?
REBECA –Todos lo sabíamos. Es una chica muy tonta y lo contaba como si fuera la gran hazaña. Por cierto, cuando empezó todo el chisme, fue cuando comencé a notarlo más raro. ¡Claro, era natural!
PSICÓLOGO –¿Raro? ¿En qué sentido?
REBECA –Pues raro... Como ido... No, no es esa la palabra exacta; más bien enojado y al mismo tiempo fantasioso. Se enojaba por cualquier cosa, estaba enojado con la obra, como si el tema del amor le molestara. Mire usted, a él le habían dado permiso de salir un rato y a mí me tocaba entrar a escena...
 

SEXTO CUADRO

(LOS ACTORES SE ACOMODAN COMO AL FINAL DEL CUADRO TERCERO. AHORA NOS REUBICAMOS EN EL TEATRO. REBECA AVANZA DE ESTAR CON EL PSICÓLOGO A INTEGRASE AL GRUPO, JUNTO A JUDIT. AL IR SALIENDO JOHANÁN SE TOPA CON ELLAS. JUDIT VIENE ENSAYANDO SU TEXTO)
JUDIT –“... No es ni pie, tampoco mano, ni brazo, ni rostro, no más que un tramo de lo que es esencia en un ser humano. ¿Qué es un nombre? Lo que llamamos rosa, aún sin nombre, su perfume se goza”...
JOHANÁN –(MOLESTO) Si lo dices así, nadie te va a creer.
JUDIT –Sí, verdad. Es que no sé cómo decirlo.
JOHANÁN –Porque no lo sientes, no te comprometes. Ustedes las mujeres nunca se comprometen. Lo único que les importa es el nombre, el currículum y el prestigio que les dé andar con don menganito o el señor X. El nombre para ustedes es lo más importante.
JUDIT –Es que una tiene que cuidar su prestigio.
JOHANÁN –Ahí está el problema. Hasta en lo más íntimo se hacen publicidad, lo único que les importa es estar en la marquesina con grandes foquitos que digan: “Hoy me acosté con fulanito de tal, mañana me toca con menganito y antier no me acuerdo quién fue”.
JUDIT –¡Oye, sí! No es mal título para una nueva obra.
REBECA –¡Ay, Juditcita! ¿Por qué no te concentras en tu escena?
JOHANÁN –(IRÓNICO) ¿Podrá?
JUDIT –¡Por supuesto! Claro, con tantas cosas en la cabeza, una se distrae; pero soy una actriz y voy a hacer que esta Julieta enamore a todo el público.
JOHANÁN –¿Y cómo se logra eso? Yo no he logrado que nadie se enamore de mí.
JUDIT –Te faltará la personalidad. Una tiene que hacer que nos deseen, que tengan un orgasmo en cuanto nos vean... Bueno, aunque sea un orgasmo estético.
REBECA –Entonces les va a hacer falta condones cerebrales, no como los de Alka Selteser que hacen pura espuma.
JUDIT –¡Qué cosas se te ocurren, Rebeca!
JOHANÁN –¿Qué Julieta no tendría que ser ingenua?
JUDIT –Nada más mosca muerta. ¿Tú crees que si fuera tan ingenua se pescaría así de fácil al tal Romeo?
JOHANÁN –A lo mejor era un tarado.
JUDIT –Todo enamorado es un tarado. Lo malo es que también Julieta se enamora, a lo mejor también es medio taruga...
REBECA –Mira nada más, estamos montando una obra de tarados y tarugos.
JUDIT –No, verdad. ¡Ay, ya no sé ni lo que digo! Mejor voy a repasar mi texto que ya me hicieron bolas. (SE ALEJA REPITIENDO SU TEXTO)
JOHANÁN –¡Estoy harto de todas estas actricitas de supermercado! Quieren enseñar a amar al público y no tienen idea de lo que es eso.
REBECA –¡Bravo! Hablo el maestro en artes amatorias.
JOHANÁN (CON VIOLENCIA) –¡Yo sé menos que nadie! Yo... Yo sólo soy un pendejo. (LA HACE A UN ALDO PARA AVANZAR VIOLENTAMENTE)
REBECA –¿Y yo qué culpa tengo? ¿Por qué te enojas?
JOHANÁN –Tienes razón, no me hagas caso. ¿Cómo está tu niña?
REBECA –Como siempre. Igual de latosa.
JOHANÁN –¿Y su papá?
REBECA –¿Quién sabe? Hace como un año que no lo veo.
JOHANÁN –Ya ves como es así la cosa. Todos se ponen a decir “Te amo”, pero nunca lo sienten. Todos son actores que ensayan hasta en la cama.
REBECA –Tú también eres actor, Johanán. No se te olvide.

 
                               

 
 
   
   

Agregar un comentario

Tu nombre

Tu dirección de correo (no se mostrará)

Mensaje *

© 2021 José Lorenzo Canchola