DE MÉXICO CON AMOR... MX.T.Q.M.


LA GÜERA SE INTEGRA A LA ESCENA Y SEPARA A LAS OTRAS ACTRICES.
GÜERA –¡Basta de estar gimiendo en este valle de lágrimas! Los hombres no merecen más de dos lágrimas: una por llegar a nuestras vidas y otra porque se quedaron un rato desordenado nuestra existencia. Si son extrañas sus hazañas, hay que tener los ojos bien abiertos para no verlos como lo que no son. Yo, si aprendí algo en este mundo, fue que el amor sí tiene fin.
LEONA –Que tú hayas andado a salto de cama no quiere decir que todas hayamos tenido nuestras vidas tan desordenadas y un hostal por corazón.
GERTRUDIS –Según mi experiencia, cuando amas a alguien, el amor es para siempre.
GÜERA –Eso no quiere decir que tenga que ser una exclusiva de un solo amor. El amor del que se fue, queda en otro nivel, y el que llega trae todo un ramillete de expectativas a los cuales una mujer débil, como yo, no puede resistirse.
LEONA –Y mira que no fue precisamente ejemplar tu resistencia.
GÜERA –Dejaba renovarse al mundo. Es como cuando se desvencija el diván que más querías, no lo deshechas, lo guardas en la covacha por si se puede reparar; pero mientras, traes uno nuevo con todas la comodidades para reposar tus debilidades.
GERTRUDIS –Eras tan “débil”, que en cuanto te echaban el ojo, zaz, caías.
GÜERA –¡Pero por supuesto que claro que no! Yo siempre estuve para elegir. A veces me equivoqué, pero en más de tres ocasiones atiné.
GERTRUDIS –¿Como con Simón Bolívar?
GÜERA –Bueno, el niño necesitaba instrucción y consuelo. Era tan joven y estaba tan lejos de su tierra…
LEONA –¿ También Alejandro von Humbolt?
GÜERA –Bueno, él no era tan joven, aunque igual estaba lejos de su tierra, y también necesitaba instrucción. No, si se me da eso de la pedagogía.
GERTRUDIS –Has ser buena enseñante, para decir que no encontró mujer como tú en todos su viajes…
GÜERA –Ni yo, a alguien como él, en todos mis viejos. Aún no sé si lo dijo como cumplido o por pura envidia. Y Simoncito, tenía más fuego que flama.
GERTRUDIS –Ay, Güerita, no nos hagas pensar de más. Mejor cuenta.
LEONA –Sí, cuenta, cuenta…
CAMBIO DE AMBIENTE, MIENTRAS LEONA Y GERTRUDIS SE ACOMODAN EXPECTANTES, LA GÜERA COMIENZA SU NARRACIÓN. CONFORME LOS IRÁN NOMBRANDO, LOS PERSONAJES SE PRESENTARÁN, BOLÍVAR TRAE GUANTES.
GÜERA –Expirando el siglo de las luces, llegó Simoncito… Éramos tan jóvenes…
LEONA –Él, más.
GERTRUDIS –16 añitos, apenas.
GÜERA –Y con Alex, ya no éramos tan jóvenes…
GERTRUDIS –Él, menos.
LEONA –Algo más de los 35…
GÜERA –Pero ambos con todo el vigor por encima…
BOLÍVAR –Doña Nacha, su imagen se ha quedado grabada en mis pupilas. Es un verdadero pesar que mi escala en la Nueva España sea tan corta.
GÜERA –A mí también me dan pesar tantas cosas suyas,  tan cortas.
BOLÍVAR –A veces las cosas cortas se hacen largas al extrañarlas.
GÜERA –Entonces ya podré ser más dichosa con su recuerdo, sobre todo si las cosas se alargan, porque hoy son tan cortas…
BOLÍVAR –Mejor es disfrutar mi tiempo tan corto.
GÜERA –Corto tu tiempo, corta tu edad, corto empeño y corta tu personalidad.
BOLÍVAR –Nacha mía, perdone, no entiendo.
GÜERA –¡Oh, no! Soy la Nacha de mi marido, y si algún muchachito quisiere gozar de esta Nacha, tendría que ser más audaz, pero es tan corto…
BOLÍVAR –Si me dijera una palabra que animase a lo que mi espíritu quiere.
GÜERA –Pues yo quiero lo que quiera su espíritu.
BOLÍVAR –¿Quiere?
GÜERA –Sí quiero…
BOLÍVAR –Pues ya somos dos que queremos. (TOSCAMENTE SE ACERCA Y LE TOMA DEL ROSTRO PARA BESARLA. ELLA, INCÓMODA, SE SEPARA)
GÜERA –Simón, me está usted raspando la cara con sus guantes. ¿Cómo va a sentir mi piel con ese armatoste de cuero? ¡Por el amor de Dios, no soy caballo?
BOLÍVAR –Perdone usted, Nacha, doña Ignacia, disculpe mi torpeza.
SE QUITA LOS GUANTES RÁPIDAMENTE Y LUEGO SE ABALANZA A LA GÜERA, PERO ELLA LO DEFIENDE, SÓLO LE OFRECE LA MANO PARA QUE LA BESE.
GÜERA –La torpeza sí la tiene usted larga. Pero es tan corta su delicadeza.
BOLÍVAR –Porque no me había topado con alguien tan delicada como usted.
BOLÍVAR LE BESA CEREMONIOSAMENTE LA MANO Y LA GÜERA LE JALA LA MANO HACIA ABAJO QUEDANDO FRENTE A FRENTE DE “A PUENTECITO”
GÜERA –Pues ya se topó. (LO BESA) Ojalá su delicadeza se alargue.
LA GÜERA SE SEPARA Y DEJA A BOLÍVAR PETRIFICADO.
GERTRUDIS –Es que eran tan jóvenes.
GÜERA –Bueno, yo ya tenía 22 años, un marido y dos hijos.
LEONA –¿Y el Barón de Humboldt?
GÜERA –A él lo tuve un par de años después. Aunque ahora que los recuerdo es como si hubieran estado siempre a la par. (VA AL ÁREA DONDE ESTÁ HUMBOLDT Y LE OFRECE LA OTRA MANO PARA QUE LA SALUDE)

 
   


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© 2021 José Lorenzo Canchola