José Lorenzo Canchola

VISIONES HACIA EL MARQUÉS DE SADE

Por José Lorenzo Canchola
Publicado en Galería

La historia de la literatura y más concretamente la historia de la literatura erótica se podría dividir en dos grandes épocas: antes y después del Marqués de Sade.
Perseguido e injuriado en su tiempo, encerrado y solitario en cárceles y manicomios; prohibidas sus obras y hasta la mención de su nombre, el Marqués de Sade parecía condenado al olvido eterno y sus escritos al fuego sagrado de todos los inquisidores que el mundo ha tenido y padecido desde su época a la nuestra. Sin embargo, gracias a André Bretón, a Luis Buñuel y en general a todo el grupo surrealista francés, su vida y su obra volvieron a estar presentes en la historia cultural del mundo.
Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, nació en París en 1740. Llevó una vida de escándalo, salpicada constantemente de demandas y sus consecuentes encarcelamientos por ir en contra de la moral imperante, la monárquica y la revolucionaria. Su primera detención fue a causa de la denuncia de una joven con la que se había entregado a ciertos actos sacrílegos, luego de cumplir la condena de 15 días en la cárcel, los episodios con ciertas damas o con prostitutas se suceden, alcanzando el escándalo uno de sus puntos culminantes cuando, en Alcuerli, el Marqués practica con una joven llamada Rose Keller, algunas torturas (azotes, cortes en la piel, cera candente ....) Nuevamente es encarcelado, y al igual que la vez anterior sale libre gracias a las gestiones de su suegra; pero a raíz de este suceso, la prensa extranjera se preocupa por Sade. Es a partir de este momento cuando comienza a surgir la leyenda del marqués como un símbolo del mal.
Había en Francia muchas otras personas a las que se podría haber denunciado por hechos parecidos o mucho peores, pero que, gracias a sus influencias permanecían inmunes e incluso como ciudadanos respetables. Por su parte, Sade, a pesar de su alcurnia era un personaje relativamente débil y aislado. Era, en fin, el chivo expiatorio perfecto: noble, libertino, pero sin poder suficiente para enfrentarse a sus enemigos.
Pero al Marqués de Sade, no le pudieron detener las demandas y los ataques, en una escapada a Marsella, le encarga a su criado reclutar unas cuantas prostitutas para una orgía. Parece ser que la orgía se realizó de una manera relativamente “normal”, teniendo en cuenta los gustos del Marqués. Un poco de flagelación, activa y pasiva, unas cuantas escenas sodómicas entre él y su criado y solamente la curiosidad de hacer ingerir a dos de sus cuatro jóvenes un afrodisíaco; pero el Marqués cometió el error de excederse en la dosis y las jóvenes enfermaron. El caso se denunció como intento de asesinato y Sade tuvo que huir, pero la justicia condenó a él y a su criado, por el “gravísimo” delito de sodomía, a ser quemado en efigie, es decir una estatua que representaba a los delincuentes.
Sade, entonces va a Italia, donde convive con el famoso Casanova, pero se ve obligado a regresar a Francia donde vuelve a ser encarcelado. Todos estos asuntos recrudecen el odio que Sade tenía contra los jueces. El Marqués fue siempre un defensor de la libertad individual; le molestaba que el estado, representado por un grupo de seres que basaban su autoridad en adoptar un aire grave, poniendo barreras a los placeres del individuo. Al respecto escribía: la fortuna y la reputación en Francia consisten en la bajeza, la adulación, la ambición, la avaricia comienza su ruina y la imbecilidad la termina.
Encarcelado en Vicennes permanece de 1778 a 1785, luego es trasladado a la Bastilla. Por esos artificios del destino, Sade queda libre al inicio de la revolución; ahora, el ciudadano Sade se encuentra totalmente libre y desligado de sus anteriores vínculos, pero al mismo tiempo aislado y sin recursos, por lo que se apunta en la Sociedad de Autores y dedica todos sus esfuerzos a que se representan sus obras de teatro. Son obras de teatro inocentes , como las que podría haber escrito cualquier otro autor. Desgraciadamente la fama de sus novelas sádicas es tan grande que las ha ocultado al punto de que se les ignore. Paralelamente, pero a escondidas, Sade trabaja en la redacción y publicación de sus novelas (Justine, Aline y Valcour, Juliette...). El carácter radical de estas obras obligó a Sade a esconderse y a negar ser el autor de tales manuscritos.
En sus escritos, Sade describe violencia, sangre y sexo, también está haciendo una afirmación de la mayor cualidad que el hombre puede tener: el amor insobornable a su propia libertad y lucidez interior. Cuando nos entregamos a una mala acción, por atroz que pueda ser, el placer que nos produce nos consuela ampliamente del mal que podamos producir en nuestro prójimo. Antes de cometer esta acción, hemos previsto el mal que podemos hacer a los otros, escribe. Son fundamentales en Sade estas dos visiones, a veces contradictorias pero siempre complementarias de la conciencia de cualquier ser humano.
A través del erotismo, de la degradación, Sade llega a analizar mejor que nadie la función de los cuerpos humanos que buscan, aún haciendo y haciéndose daño, un sentido a su vida. Una participación en el mundo. Justificando cada una de sus tesis en cuanto al erotismo y la libertad siempre tiene palabras dentro de sus textos: 
¡Oh, compañeras, coged! Habéis nacido para coger y habéis sido creadas por la naturaleza para ser cogidas. Dejad gritar a los tontos y a los hipócritas; ellos tienen sus razones para vituperar estas deliciosas acciones que constituyen el goce de nuestra vida. Al no poder obtener nada de vosotras, os vituperan porque no esperan nada y tampoco son incapaces de pedíroslo ... Y si la sodomía conduce a esa gran voluptuosidad, no es una infamia. Pero para Sade los amantes, cuando se funden entre ellos, están intentando también fundirse con el cosmos, dar un sentido más amplio y totalizador a su experiencia humana.
Bajo el Terror de Robespierre, Sade es arrestado y condenado a la guillotina, por crímenes que ya había sido juzgado en la monarquía, pero ahora se le considera enemigo de la revolución. Sin embargo, en el último momento se le deja en libertad.
Es en esta época en que Sade escribe muchas de sus obras, pero aún así pasa una grandes necesidades.
Cuando vuelve a cambiar el régimen político, siendo cónsul Napoleón, Sade vuelve a ser detenido por haber escrito Justine y la Historia de Juliette. Él lo niega, pero su fama es más fuerte que su palabra y termina recluido en el manicomio de Chareton. Allí acabó su vida pública y allí murió en 1814.
Sade fue apresado bajo todos los regímenes bajo los que vivió, aunque sus hechos probablemente no lo merecían. En general, no parece que los actos del Marqués hayan sido tan espantosos como los que tanto abundan en sus obras y, la leyenda que lo presenta como un monstruo sanguinario, parece ser más el fruto de la imaginación.
Los actos libertinos de los que se le acusan no son peores que los de cualquier noble libertino de la época. Algunos de sus actos pueden considerarse vergonzosos, pero la reacción de los gobiernos y los jueces sobre él no fueron menos injusta y desmesurada, y constituye un reflejo de las fantasías que se quieren ocultar por “pudor”, como él mismo condenaba. El hombre no se ruboriza de nada cuando está solo; el pudor no se manifiesta hasta que es sorprendido, lo que prueba que el pudor no es más que un prejuicio ridículo, completamente desmentido por la naturaleza. ¿Por qué ocultarse cuando se planta un hombre y no ocultarnos cuando plantamos una col?
 
 

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