José Lorenzo Canchola
 

MANUALES, EXPOSICIONES, NOTAS  ENSAYOS Y APUNTES

EXPRESATE BIEN Y CONVENCE

Manual sobre expresión oral




Disponible en librerías , tiendas departamentales y tiendas por internet.
 

CASUALIDAD O CAUSALIDAD EN LA VIDA DE UN HOMBRE DEL DRAMA.





La psicología aplicada a la vida cotidiana a partir del quehacer de un actor




Carl Gustav Jung
Foto-composición
SINOPSIS:
A partir de una narración de remembranza, se analiza la necesidad que tenemos de “actuar” socialmente para encontrar el rango de aceptación que nos permitirá tener una cierta seguridad emotiva, dentro de nuestras relaciones afectivas y la manera en que nos bloqueamos para no rebasar esos límites que nos darían la capacidad de ser seres plenos en un contexto que por su educación nos enseña a limitarnos.
A partir de las teorías de Jung, Caruso, Miller, Pierrakos y Thesenga, Donovan así como de Bentley, se analiza la anecdota del quehacer de un actor y su muy particular forma de sublimar sus temores y carencias desde la actuación, pero realizando un paralelismo con los elemntos representacionles que cada uno de los humanos realizamos en circunstancias sociales, desde la familia, la pareja y el trabajo, hasta el entorno social general.
               
                    De pronto, siguiendo sus pasos con la mirada, atento a la punta de sus zapatos que flexionan sobre el asfalto mojado se topa con una de esas latas de refresco que algunos niños de La Lagunilla utilizan para quemar sus piedras, la patea y va a dar justo al quicio de esos escaparates que muestran vestidos como de fantasía, la parafernalia para los quince años, “ingenuos e inocentes” y la blancura “virginal” de los vestidos de novia, se detiene y ante el aparador y contempla los maniquíes de miradas huecas mientras por detrás de ellos las dependientes deambulan sin saber qué hacer ante la ausencia de clientes. Reflejado en el cristal, ve acercarse más ilusiones que se ofrecen: un vendedor de lotería, le muestra el huerfanito, «el de la suerte, patrón» y al observar la fecha se da cuenta que es día del aniversario de la muerte de su amigo, el que lo apoyó a sus inicios y que, bajo su dirección, actuó por última vez en aquella obra basada en los traumas de un joven enamorado de un maniquí que exhibía un vestido de novia, eso que Serrat cantó y luego sirvió de pretexto para el argumento de la obra. Compra el billete de lotería y se va un Vips con la mirada hueca del maniquí clavada en la memoria y tratando de devanar si esa secuencia de pequeñas acciones no fueran tramados para recordar a su memoria su amigo y tener la oportunidad de hacerle un réquiem frente a una taza de café, como una charla más de las tradicionales que ambos mantenían frecuentemente en esa cadena de restaurantes, cuando aquel estaba vivo.
                 Da el primer sorbo al café, que aún tiene gusto a quemado, y piensa que las cosas no pasan nomás porque sí, que son, como vislumbró Jung los “paralelos simbólicos”, esas coincidencias significativas que dan base a su teoría de la “sincronicidad”, todo esto no podría ser sólo coincidencia; quizás, sólo quizás, puede ser un fenómeno no totalmente comprensible a la luz de la ciencia tradicional, por medio del cual su amigo actor desde otra dimensión quiere empujarlo a reflexionar. Piensa en las coincidencias constituyendo hechos fortuitos, pero, como indica Jung, que en cuanto alcanzan algún significado simbólico, dejan de ser fortuitos para la persona interesada, él es ahora el interesado. Jung hasta considera la idea de que, de algún modo, la psique puede estar actuando sobre la realidad externa para "causar" las coincidencias o que, como sucede en los sueños precognitivos, los fenómenos externos están siendo transmitidos de algún modo a la psique. ¿Será su caso? No queda más que detenerse a revisar esa teoría de quien fuera amigo de Freud.
                Si, como dice Jung, ante una coincidencia significativa podemos reaccionar de tres maneras: llamándola "una mera casualidad" y darle la espalda con la mente bien cerrada; podemos también llamarla magia –o telepatía, o telekinesis–, lo que no es mucho más preciso o informativo. O podemos aceptar la existencia de un principio de acausalidad y usar esa idea para investigar el fenómeno más a fondo bajo la inquietante idea de que el espacio y el tiempo pueden no tener una existencia real objetiva. Tal idea no deja de causarle calosfríos, no obstante comprende que si el espacio y el tiempo son sólo conceptos, es razonable suponer que pueden estar "condicionados" por la psique. (…)
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