José Lorenzo Canchola
 

EL CONDE NADO


ESCENA 3 CUADRO DOS DEL PRIMER ACTO

DRAKAR– Yo, qué podría decir... .
TORA– No articuléis palabra. Dejad que vuestros ojos digan el discurso necesario.
(LO VE FIJAMENTE A LOS OJOS Y SE QUEDA ESTÁTICA, HIPNOTIZADA POR  DRAKAR QUIEN  LE PASA LA MANO POR EL ROSTRO Y ELLA INCLINA LA CABEZA HACIA UN LADO, MOSTRANDO EL CUELLO, AL QUE DRAKAR SE DISPONE A MORDER PERO NO PUEDE POR SU ENORME BUFANDA. SÉFORO, POR SU LADO, IMITA TORPEMENTE A DRAKAR, PERO YA QUE NO HA HIPNOTIZADO A DACIA, AL ACERCÁRSELE AL CUELLO ELLA COMIENZA A REÍRSE.)
DACIA (ALEJÁNDOSE DE SÉFORO.)– Conde Nado, por favor, comportaos, que me estáis haciendo cosquillas.
SÉFORO– ¿Qué mejor de lo mejor! La risa enmarca muy bien vustras delicadas facciones (INTENTA ACERCARSE A DACIA.)
DACIA (ALEJÁNDOSE.)– Conde, conde, conde... ¿Dónde habéis aprendido esos modales? Recordad que soy doncella. Hasta que no se os otorgue mi mano, cada quien en su rincón.
SÉFORO– ¿Y para qué quiero yo la mano solamente?
DACIA– Bueno, la mano va pegada a todo lo demás... .
 SÉFORO– Siendo así, yo pediré el píe, si es necesario.
(DACIA VA CON TORA, QUIEN SIGUE HIPNOTIZADA MIENTRAS DRAKAR INTENTA QUITAR LA BUFANDA QUE ELLA LLEVA ENREDADA AL CUELLO.)
DACIA – ¡Madre, madre!
TORA – (DESPERTANDO CON TORTÍCOLIS.) ¿Qué sucede? ¿Dónde estoy?
DRAKAR (MOLESTO.)– Seguís aquí, señora.
DACIA – Madre, madre, el señor conde me ha dicho que va a pedir mi mano.
DRAKAR– ¡Yo!
DACIA– No, desde luego. Me refiero al Conde Nado.
DRAKAR– ¿Y ese quién es?
SÉFORO (HUMILDE.)– Soy yo, señor. ¿Ya lo habéis olvidado?
DACIA– Mirad, mirad cuan gallardo es.
TORA– Quisiera mirarlo, pero no sé qué es lo que me sucede que tengo el cuello como desencajado de su lugar.
SÉFORO– Permitidme ayudaros, futura suegra... .
(SÉFORO INTENTA ACOMODARLE LA CABEZA A TORA, PERO NO PUEDE Y AL VER SU CUELLO SE ACERCA PARA MORDERLA. TORA, SUMAMENTE INDIGNADA, LE DA UNA BOFETADA.)
TORA– ¡Válgame...! ¡En verdad que sois atrevido, futuro yerno!
SÉFORO– Perdonad, futura suegra, pero en verdad os digo que no sé lo que me sucedió. Fue un impulso que no pude controlar.
DRAKAR (CAMBIANDO LA CONVERSACIÓN.)– Este... Bueno, no es que las corra, pero se está haciendo tarde y por esta zorra, digo en esta zona hay muchos lobos.
DACIA– Tiene razón el otro conde, con la nevada, seguramente ya deben estar cubiertas las escobas.
SÉFORO– ¡Las qué!
TORA (DISCULPÁNDOSE.)– Lo que ella quiso decir son los caballos.
DRAKAR– No, no, no. Yo oí perfectamente escobas.
TORA – Sí. Sí, tenéis razón, estimado conde. Veréis, lo que sucede es que... Como ya habéis dicho, muy atinadamente, por esta zona hay muchos lobos, ¿y con qué otra cosa los vamos a asustar dos mujeres solas e indefensas como nosotras? Los agarramos a escobazos y salen volando.
DACIA – Así que será mejor que nos retiremos. Espero que nos visitéis pronto.
DRAKAR– Pero estimada baronesita, es completamente imposible que yo os visite si no me invitáis correctamente.
SÉFORO– ¡Conde mío, no seáis chintinoso! ¿Acaso pretendéis que nos envíen paje con pergamino?
DRAKAR– Si en ese pergamino pudiera venir la dirección de las damas, sería ideal.
TORA– ¡Oh, sí, es cierto! ¡Pero qué descuido el mío! Podéis ir a visitarnos a la taberna de Adidós.
DRAKAR– Os aseguro que mañana cenaremos donde estéis, haya una o dos.
TORA– Hasta mañana, conde. Hasta mañana, futuro yerno.
SÉFORO– Hasta mañana, futura suegra.
DACIA– Hasta mañana, nobles caballeros (HACIENDO UNA MUY ESTUDIADA REVERENCIA Y HABLANDO SIN RESPIRO.) Fue para mí un enorme placer poder postrarme ante vuestras excelencias para rendir el más sincero, humilde, desinteresado y afectuoso parabién. Pues sabido es... .
TORA (TAPÁNDOLE LA BOCAA DACIA.) –Es la emoción. Os esperamos entonces... . (SALE CON LA CABEZA DE LADO MIENTRAS JALA A DACIA.)
SÉFORO– ¿No es encantadora?
DRAKAR– Nada más lo suficiente para que tú te emociones.
SÉFORO –¿Verdad que sí?
DRAKAR– Muy bien, “señor conde”, ¿podéis decirme de que tronco os viene la “condería”?
SÉFORO– Este... Bueno... Pues del tronco común.
DRAKAR– ¿Ahora resulta que hasta parientes somos! ¡Ya te enseñaré yo lo que es nobleza...!
(DRAKAR INTENTA GOLPEAR A SÉFORO, PERO ESTE, DE UN GRAN SALTO ACROBÁTICO SE ALEJA DE ÉL.)
DRAKAR (MUY SORPRENDIDO.)– ¡Lo veo y no lo creo! Esa pirueta la intenté desde que estaba en parvularios y jamás la logré. No cabe duda que has nacido para ser un vampiro.
SÉFORO– No es para tanto, jefecito... Yo... ¡Qué es lo ha habéis dicho! ¡Vampiro!
DRAKAR– Sí, pero tranquilo.
SÉFORO- ¿Vampiro? ¡Vampiro vampiro vampiro, lo que se llama vampiro! ¿De esos que lavan la mente?
DRAKAR– Completamente.
SÉFORO (PREOCUPADO.) –¿Y ahora cómo se lo voy a decir a mi mamá?
DRAKAR– No te preocupes, ya no tienes madre.
SÉFORO (OFENDIDO.)– Conde y señor mío, ¿qué ya nos llevamos así?
DRAKAR– Cálmate, Séforo, cálmate. Lo que yo he querido decir es que de ahora en adelante perteneces a la gran familia de los “No Muertos”.
SÉFORO –¡No! ¿Muerto? ¿Pero cómo fue?
DRAKAR – No lo sé, no sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó pero la sangre te chupé... .
SÉFORO– Conde, haceos a un lado, creo que me voy a desmayar. (TRASTABILLÉA.)
DRAKAR– (SOSTENIÉNDOLO.) Tranquilo, Séforo, tranquilo. Hay momentos en la vida de los vampiros en los que estas cosas suceden. Pero no tiene la menor importancia. Lo realmente importante es que ahora eres un “No Muerto”.
SÉFORO– ¡Y todo por unas cuantas gotas de sangre!
DRAKAR– Bueno, no fueron unas cuantas gotas... Debes entender... Tenía varias noches sin cenar. ¡Claro, no eches a mí toda la culpa! Ya eras un elegido, podrías ser vampiro, no sé, por blasfemo, si hubieras muerto sin bautizar o en pecado mortal y sin arrepentirte. No creas que una chupadita es el único medio para vampirizarte.
SÉFORO– ¿Y ahora qué voy a hacer? ¡Yo nunca había sido un vampiro! No sé como actuar, no sé a qué hora dormir, ¡es más!, ni siquiera tengo un ataúd.
DRAKAR– No te aflijas, camarada, tienes toda la eternidad para aprender. Lo vital es esencial; ya verás como vas a gozar... (CANTA:)
 
Ser vampiro no es cuestión de suerte.
Tampoco es ganarle a la muerte.
Es sin duda ser un elegido
pa’ vivir la eternidad de un hilo.
 
Es quedarte tal y como eres,
o poderte transformar, si quieres,
En un lobo con todo y su rabo,
en serpiente o en ratón alado.
 
¡Pero ten cuidado, ten cuidado...!
(INTERRUMPE EL CANTO Y EXPLICA.) Lo primero que tendrás que aprender es la gallardía. No se puede andar por los siglos con ese porte. ¡Mira nada más! Sume la panza, saca la nalga, alza el cuello, baja los hombros, entorna los ojos y sonríe con maña. Bueno... Para transformarte, sólo basta con concentrarte firmemente en lo que quieres: murciélago, lobo o serpiente, y acostumbrar tus articulaciones a ese animal. Lo más difícil es el murciélago, debe tener la agilidad de un ratón y la elegancia de un águila para lanzarte a volar. (IMITA LOS MOVIMIENTOS DEL VUELO.) Mira, así, con suavidad... A ver, sígueme.
(SÉFORO LO IMITA. LA LUZ VARIA Y POR MEDIO DE VOLADORAS DRAKAR SE ELEVA. CONTINÚA CANTANDO.)
Tú continuarás los sueños ajenos
Enviando tu mirada a los senos... .
SÉFORO (SEÑALÁNDOSE EL PECHO.)– ¡Acá!
DRAKAR (SEÑALÁNDOSE LA FRENTE.)– No, aquí, los senos paranasales.
SÉFORO - ¡Oh!
DRAKAR (CANTANDO.)– Y podrás matar con tu voz
Si es que falta por chupar uno o dos.
Sólo súbete a un campanario
Y morirá quien escuche el erario,
Luego puedes cambiar tu habitación
Y a repetir la canción.
 
¡Pero ten cuidado, ten cuidado...!
 
SÉFORO– ¿De qué, mi señor?
 
DRAKAR (CANTANDO.)– Si duermes a la intemperie,
el sol te puede achicharrar
o algún incauto clavarte una estaca del rosal,
o bien, quemarte por maldad,
ya ves lo ruines y perversos
que son los mortales... .
 
¡Ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado!
Te pueden finiquitar.
¡Ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado!
Lo eterno tiene un final... .
(DRAKAR LE PONE A SÉFORO UN MEDALLÓN Y UNA GRAN CAPA.)
DRAKAR
– Ahora sí, ya eres todo un vampiro. Ya puedes lanzarte a conquistar el mundo.
(SÉFORO AÚLLA Y ES ELEVADO, AL IGUAL QUE DRAKAR, PARA DAR LA IMPRESIÓN DE QUE VUELAN.)
OSCURO.

 
Jose Lorenzo Canchola, Aidé Ubda, Rocio Garciaruiz, Ana María Grey y Marco Liramark Marco Liramark y Gerardo Sànchez
Aidé Unda y Marco Liramark Aidè Unda, Ana María Grey y Marco Liramark






 

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